Crónica urbana: Travesía íntima por la Caracas brutalista

Sábado,10 de agosto 2019

Fíjate que algunas veces lo gris también es bonito, dijo una señora de sombrero a un muchacho joven que estaba parado a su lado.

Él sonrió y miró hacia lo alto para poder contemplar en toda su magnitud la Torre Humboldt, la emblemática construcción del arquitecto Federico Beckhoff, un edificio que hasta ese día fue solo gris para quienes hicieron el recorrido de arquitectura brutalista en Caracas, que ofreció [CCSen365] ese sábado.

Recorrido Urbano [Desde Parque Brutalista], experiencia de ciudad diseñada por #CCSen365 | Hashtag oficial: #ReconciliandoCCSsinMiedo6

El brutalismo, un estilo arquitectónico que deja “en bruto” y expuestos totalmente los materiales en una edificación, fue el mismo que desnudó ese día la personalidad genuina y esa amabilidad innata con la que están dotados los seres humanos y que a veces se pierde entre tanto concreto. La mañana se pintó del azul más claro para que los 25 asistentes al recorrido pudieran caminar, pisar, tocar, oler, y redescubrir Parque Humboldt, una urbanización del sureste caraqueño en la que la idea de vivir la ciudad pretende ser más que una utopía.

Llegaron en pequeños grupos o solos. Cada uno de los participantes de la travesía se asomó temprano en el jardín que da la bienvenida a la Torre Humboldt. El verde fluorescente que desplegaban los voluntarios de [CCSen365] contrastaba con el gris templado del concreto que se deja ver en las paredes, muros y pisos de esta zona.

Allí comenzó a develarse el material del que estaban hechos todos los exploradores urbanos. «Buenos días», se le escuchó decir, uno a uno a quienes fueron llegando y ataviados con gorras, ropa fresca y una sonrisa se fueron sentando en el muro que daba la bienvenida a la Torre Humboldt.

Un edificio inmenso, grisáceo y con cristales que reflejaban el celeste del cielo fue la cortina de fondo para que Rodrigo Capriles, un “paseante” entusiasta de la Caracas brutalista, se presentara de ese modo a sí mismo y nos hablara también sobre esta tendencia arquitectónica caracterizada por exhibir materiales constructivos sin revestir ni pintar y que dejan ver la estructura y fachada en casi todos los casos.

Capriles se afincó en recordar el portafolio brutalista que ostenta la capital y cómo el desarrollo de la industria cementera y la llegada o capacitación de mano de obra especializada en el trabajo del concreto devino en la idea de hacer crecer la ciudad usando todo aquello de lo que se disponía.

Su nombre viene del vocablo francés béton brut, que significa “concreto crudo”, dijo el guía especial de [CCSen365] antes de invitar a los caminantes a subir a varios carros para enrumbarse hacia la cuesta de la clínica Leopoldo Aguerrevere, la primera parada del recorrido.

La manada urbana se conoció, se compactó y se dividió sin tropiezos en todos los transportes disponibles. Los conductores abrían la puerta con amabilidad y una sonrisa a quienes se acercaban, sin importar si se conocían o no. En unos cinco minutos todos llegaron al estacionamiento de «la Aguerrevere».

En esta edificación, la sorpresa fue el rigor del diseño con el que fueron cautivados por las formas, las curvas, los contornos y las texturas de cada rincón de esta estructura de hormigón. Ni siquiera el reguetón que se escuchaba como fondo musical desconectó a esos viandantes de miradas atentas de los detalles de la estética brutalista de Julián Ferris, arquitecto de este proyecto que se construyó en tiempo record: 18 meses, inaugurado como una maternidad en 1968, luego convertido en clínica en el 72 y en la que desde entonces muchos caraqueños han nacido.

Los planos originales, así como los muros tangibles que componen esta obra arquitectónica, se presentaron ante la vista de los excursionistas citadinos para mostrar el contraste de como una idea puede volverse concreto, literalmente, tan palpable como el amor en los ojos de una pareja del grupo que se materializó con un beso al borde de una pared del «brutal» edificio.

De vuelta a los carros, la ciudad que revelaba otras historias se convirtió en el común denominador de conversación. Los participantes compartieron la sensación de que comenzaron a percibir detalles e imágenes que antes pasaban inadvertidas. Las columnas centrales de las obras expuestas, el ímpetu del arquitecto por humanizar los espacios, las apuestas por invitar a los visitantes a entrar, las simetrías, la limpieza de las formas, así como la ausencia del color como un llamado a exaltar lo que rodea la obra. El gris cobró un nuevo sentido.

La segunda parada, un retorno a la Torre Humboldt, permitió apreciar mejor los espacios que enmarcan la obra monumental de esta urbanización, Parque Humboldt, diseñada por Beckhoff, un maestro de la integración del diseño interior con la vegetación y áreas libres de los exteriores. Jardines que una vez fueron muy verdes y fuentes que alguna vez dejaron correr agua en cantidad en la vida de estos espacios icónicos integrados a la ciudad, y que ahora son aislados con una espesa reja negra para resguardar a quienes lo habitan.

Todos traspasaron la enrejada. Entraron al recinto, subieron las escaleras y se posaron en un balcón de la mezzanina para contemplar el esplendor del diseño y construcción del edificio. Observaron esos elementos que quiebran, mediante formas y el empleo de materiales, la seriedad del concreto. Los tragaluces, los volúmenes y la dimensión de la torre hacen de ella una estructura que impresiona, tanto que muchos creen en la leyenda urbana que hacerla le costó la vida a su creador, Beckhoff.

El guía principal del recorrido desmiente el mito. Explica que este visionario venezolano-alemán y promotor de la arquitectura brutalista sí tuvo que sortear la crisis económica del año 1982, el viernes negro, que puso cuesta arriba la culminación de la Humboldt como parte de un complejo arquitectónico mucho más amplio y que incluyó un centro comercial y un conjunto residencial. Todo esto unido a través de una plaza, permitiendo la circulación entre estos tres monstruos brutalistas que hoy están separados también por las rejas.

El cercado obligó al grupo de transeúntes a seguir la exploración desde afuera.

Cuántas rejas podríamos tumbar en una Caracas futura

LuisRa Bergolla, impulsor de [CCSen365]

—Guarden sus cámaras y celulares, que esta parte del recorrido la vamos a fotografiar con los ojos, dijo LuisRa Bergolla, líder e impulsor de [CCSen365], a los peatones entusiastas que siguieron la instrucción y bordearon la Torre Humboldt desde afuera para llegar al Centro Comercial La Pirámide, el centro de recreación y comercio de este complejo de Beckhoff.

Otra reja negra separa al barrio Santa Cruz del Este del centro comercial La Pirámide, escondiendo un imponente jardín en donde las flores naranja y amarrillas adornan un espacio que llama a conversar, a disfrutar este refugio urbano contemplando “Las cuatro lochas”, como es conocida coloquialmente la “Escultura sobre espejo de agua”, creada especialmente para este lugar por el escultor y arquitecto de origen polaco Harry Abend.

Esta obra de arte embellece y le otorga identidad a este espacio que es referencia, explicó el otro guía invitado del recorrido, el arquitecto y poeta Hernán Zamora, quien de manera sutil adornó cada palabra dedicada a la construcción brutalista con una mirada de amor por ese espacio que describía.

—Solo puedo hablar de esta obra desde la impresión que me causó que algo de esta magnitud estuviera en Caracas, pero que la colocación de las rejas la convirtieron en una metrópolis sin vida, dijo.

La melancolía del profesor sacó a todos los caminantes de la fascinación por la escultura de Abend, donde no paraban de hacerse fotos, para conocer la tercera obra de Beckhoff: el conjunto residencial Prado Humboldt. Allí los visitantes redescubrieron espacios verdes que eran más verdes que nunca cuando se contrastaban con el gris de esas cuatro torres que se convirtieron en una apuesta de su creador por configurar en su interior un estilo de vida novedoso.

Hernán Zamora, guía urbano invitado
Escultura sobre espejo de agua, de Harry Abend
Foto grupal desde el Centro Italiano Venezolano | Imagen: Bernardo Porte

A mediodía, cuando la luminosidad y azulado del cielo caraqueño estaba a todo lo que da la paleta de colores, estos caminantes llegaron a la última parada: el Centro Italiano Venezolano. Un apamate morado les dio la bienvenida y los guió hacía una terraza de piso rojo donde conversaron sobre la visión brutalista del arquitecto italiano Antonio Pinzani y la obra dentro de la que dos culturas diferentes (la italiana y la venezolana), convergen para encontrar esa hermandad genuina, tanto como el concreto armado.

Cuando la amabilidad y la camaradería entre un grupo de ciudadanos que se empeñan en redescubrir y reocupar a Caracas llegó a su punto clímax, el arco de salida del Centro Italo-Venezolano les dio la despedida al paseo que los desnudó con un simple “arrivederci”.

Esta crónica fue realizada en alianza entre [CCSen365] e Historias que laten y refleja la experiencia de [Desde Parque Brutalista], un recorrido temático por la urbanización Parque Humboldt especialmente diseñado para conmemorar el centenario del natalicio de Federico Beckhoff [1919-1982].  
Autores:

Génesis

Crónista Urbano

Anabel

Fotógrafo Urbano

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